Realidad Social

Santiago no puede seguir siendo rehén de la violencia

LEONY EDISSON LÓPEZ NOVAS.

La muerte de un chofer en Santiago, atacado por motoristas, es un grito de alarma que no puede ser ignorado. Este hecho no es un accidente aislado: es el resultado de años de tolerancia a la anarquía en las calles, donde la ley del más fuerte se impone sobre la convivencia ciudadana.

Los motoristas, que deberían ser parte de un sistema de transporte ordenado, se han convertido en símbolo de caos y amenaza. La ausencia de controles efectivos, la permisividad de las autoridades y la indiferencia social han creado un escenario en el que la vida de un trabajador honesto puede perderse en cuestión de segundos. ¿Hasta cuándo vamos a aceptar que nuestras calles sean campos de batalla?

La indignación no basta. Es hora de exigir justicia, de reclamar que las autoridades actúen con firmeza y que la sociedad deje de normalizar la violencia. Cada muerte es una derrota colectiva, una prueba de que hemos fallado en proteger lo más básico: el derecho a vivir y trabajar en paz.

Santiago merece recuperar la dignidad de sus calles. La memoria de este chofer debe convertirse en un punto de quiebre: o enfrentamos la violencia con decisión, o seguiremos contando muertos mientras la ciudad se hunde en la impunidad.

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