Leony Edisson López Novas.
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) atraviesa un momento decisivo. Tras años de lucha, crecimiento y ejercicio del poder, la historia vuelve a exigir lo que siempre ha sido clave en los grandes procesos políticos: unidad, madurez y visión de futuro.
La diversidad de liderazgos y corrientes internas es una fortaleza cuando se gestiona con responsabilidad. Pero también puede convertirse en una debilidad si los intereses personales se colocan por encima del proyecto colectivo. Hoy, más que nunca, el PRM debe recordar que su razón de ser no es la confrontación interna, sino el servicio al país y la consolidación de los avances logrados.
La ciudadanía observa. Los votantes no premian la división ni las disputas estériles; valoran la coherencia, la disciplina y la capacidad de gobernar con rumbo claro. La unidad no significa uniformidad ni silencio, sino respeto, diálogo y compromiso con un objetivo común.
Este es tiempo de cerrar filas, de escuchar, de construir consensos y de actuar con responsabilidad histórica. El PRM tiene la oportunidad de demostrar que es más que una suma de aspiraciones individuales: es un proyecto político con vocación de permanencia y de buen gobierno.
La unidad no es una opción. Es una necesidad. Y es ahora.
