La advertencia del director general de la Policía Nacional, mayor general Ernesto Rafael Rodríguez García, a quienes se dedican a delinquir debe ser tomada con seriedad: quien cometa delitos no puede sentirse dueño de las calles ni creer que la autoridad nunca llegará hasta él.
El jefe policial fue claro al señalar que los delincuentes tienen dos caminos: entregarse o abandonar las actividades delictivas, porque la Policía los perseguirá dondequiera que se escondan.
Y en un país donde la ciudadanía reclama mayor seguridad, estas palabras representan un mensaje directo: el Estado no puede renunciar a ejercer su autoridad.
Pero esa autoridad debe ejercerse dentro de la Constitución y las leyes. La misión de la Policía no consiste solamente en perseguir; consiste en prevenir, investigar, apresar y poner a los responsables a disposición de la justicia, utilizando la fuerza únicamente cuando sea necesaria y de manera proporcional.
La sociedad también necesita que el mensaje llegue a quienes viven atemorizados por atracos, robos y violencia: las calles pertenecen a la ciudadanía trabajadora, no a quienes utilizan las armas y la delincuencia para imponer su voluntad.
El momento exige firmeza, pero también profesionalidad. Cada actuación policial debe estar sustentada en evidencias y procedimientos legales, porque una Policía fuerte no es simplemente la que persigue al delincuente: es la que logra llevarlo ante los tribunales y conseguir que responda por sus actos.
La advertencia del director policial debe convertirse, por tanto, en una política permanente de seguridad y no solamente en una declaración.
Los ciudadanos quieren resultados. Quieren caminar por sus barrios sin miedo, abrir sus negocios sin convertirse en víctimas y regresar a sus hogares con tranquilidad.
La delincuencia no puede ganar terreno. Pero la respuesta del Estado debe ser firme, efectiva y dentro de la ley.
Leony Edison López Novas
Realidad Social