Por Leony Edison López Novas
Reconocer las acciones positivas de un funcionario público no debe interpretarse como un acto de adulación ni como un intento de ganar simpatías personales. Cuando algo beneficia a la población, también merece ser destacado con la misma objetividad con que se señalan los errores.

Durante el mes de mayo, Edgar Feliz Arbona, a través de la institución que dirige, desarrolló una importante jornada de actividades, premios y regalos para las madres dominicanas en distintas provincias del país. Esta iniciativa llevó alegría y esperanza a miles de mujeres que cada día realizan enormes sacrificios por sus familias.
Más allá de los regalos entregados, el valor de esta acción radica en el reconocimiento a las madres, quienes representan uno de los pilares fundamentales de la sociedad dominicana. Son ellas las que, en muchas ocasiones, sostienen hogares enteros con esfuerzo, dedicación y amor.
Quiero dejar claro que esta opinión no busca congraciarme con el funcionario ni mucho menos “lamber” a nadie. Quienes me conocen saben que cuando hay que criticar, se critica, y cuando hay que reconocer, también se reconoce. La objetividad exige ambas cosas.
En este caso, resulta justo destacar el trabajo realizado por Edgar Feliz Arbona durante la celebración del Día de las Madres, una iniciativa que impactó positivamente a miles de familias y que demuestra sensibilidad hacia un sector tan importante de la población.
La función pública debe medirse por resultados y por acciones que beneficien a la gente. Cuando una institución desarrolla programas que generan bienestar y acercan el Estado a los ciudadanos, corresponde reconocerlo sin importar colores políticos ni intereses particulares.
Las buenas obras también merecen ser noticia, y esta es una de ellas.






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