Realidad Social

Cuando el poder cambia las amistades

LEONY EDISSON LÓPEZ NOVAS.

Hago esta reflexión, no reproche.

Hay una realidad que se repite con frecuencia en nuestra sociedad: personas que, al alcanzar una posición pública, un cargo importante o una función de poder, parecen olvidar de dónde vienen y quiénes estuvieron a su lado en los momentos difíciles.

No se trata de exigir privilegios ni favores por haber sido amigos de alguien. La amistad verdadera no se mide por los beneficios que pueda ofrecer una posición. Sin embargo, resulta triste observar cómo algunos funcionarios cambian radicalmente su forma de actuar una vez llegan al poder, cerrando las puertas a quienes antes consideraban compañeros de camino.

La función pública debe ser un espacio para servir a la sociedad, no para alimentar la arrogancia ni el sentimiento de superioridad. Los cargos son temporales; hoy se ocupan y mañana se entregan. Lo que permanece es la calidad humana, el respeto y la forma en que tratamos a los demás.

A esos amigos que hoy son funcionarios y parecen no reconocer a quienes compartieron con ellos momentos de lucha y sacrificio, les recordamos que la humildad es una de las virtudes más valiosas que puede tener un servidor público. El pueblo observa, recuerda y valora más la sencillez que la ostentación.

La historia demuestra que el poder es pasajero. Cuando terminan los períodos de gloria política o administrativa, son las amistades sinceras y el respeto ganado los que permanecen. Ningún cargo debe ser motivo para olvidar los principios, las raíces y las personas que estuvieron presentes antes de los reconocimientos y los privilegios.

Este no es un mensaje de reproche, sino de reflexión. La grandeza de un funcionario no se mide por la oficina que ocupa, sino por su capacidad de mantener la humildad, la gratitud y el respeto hacia todos, especialmente hacia aquellos que formaron parte de su historia antes de llegar al poder.

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