Realidad Social

El silencio incómodo de la oposición ante el acuerdo migratorio con Estados Unidos

LEONY EDISSON LÓPEZ NOVAS

La reciente decisión del Gobierno dominicano de aceptar de manera temporal a deportados de terceros países procedentes de Estados Unidos ha generado un amplio debate nacional e internacional. El acuerdo, anunciado oficialmente esta semana, establece que la República Dominicana recibirá un número limitado de extranjeros deportados desde territorio estadounidense, excluyendo haitianos y menores no acompañados.

Sin embargo, más allá de la controversia diplomática y migratoria, hay un elemento político que llama poderosamente la atención: el silencio casi absoluto de los principales partidos de oposición.

Resulta sorprendente que sectores opositores que durante años han criticado cada decisión internacional del gobierno de Luis Abinader, hoy mantengan una postura tibia o inexistente frente a un acuerdo de alto impacto soberano y migratorio.

Cuando se trata de temas sensibles como migración, relaciones exteriores o acuerdos bilaterales con Estados Unidos, normalmente la oposición suele reaccionar de inmediato, convocando ruedas de prensa, denunciando supuestas violaciones o acusando al gobierno de ceder ante presiones internacionales. Pero en esta ocasión, el silencio domina el escenario político.

La pregunta es inevitable: ¿por qué callan ahora?

Tal vez porque saben que se trata de un tema complejo, donde cualquier postura radical podría volverse en su contra. O quizás porque reconocen, aunque no lo admitan públicamente, que la República Dominicana mantiene hoy una relación estratégica y sólida con Estados Unidos en materia de seguridad, migración y cooperación regional.

El acuerdo también deja claro que el país no asumirá responsabilidades permanentes sobre estos ciudadanos extranjeros y que la permanencia será temporal, bajo coordinación y financiamiento estadounidense.

Aun así, el tema merece debate nacional, transparencia y vigilancia ciudadana. No se trata de apoyar ciegamente al gobierno ni de rechazar automáticamente cualquier cooperación internacional. Se trata de discutir con responsabilidad un asunto delicado que toca la soberanía, la seguridad y la imagen del país.

Lo preocupante es que gran parte de la oposición parece haber optado por el cálculo político antes que por el debate democrático. Y cuando la oposición calla frente a decisiones trascendentales, pierde fuerza su papel de contrapeso y fiscalización.

En política, el silencio también comunica. Y en este caso, comunica incomodidad, contradicción y falta de una línea clara ante uno de los temas más sensibles del momento nacional.

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