Realidad Social

Recordando Huracán Georges en la República Dominicana

LEONY EDISSON LÓPEZ NOVAS.

Este fenómeno salió de África con su tránsito en la ruta hacia el caribe, un oeste noroeste, y antes de llegar a las Antillas menores se formó en depresión y rápidamente en tormenta, llegando hacer un huracán inmediato.

Yo trabajaba en el ayuntamiento, en ese entonces el síndico, (ahora alcalde) Luis Reyes, este huracán dejó este municipio desbaratado, lleno de escombros en todas las calles de esta ciudad, Los que laboramos en ese entonces nos tiramos a limpiar la ciudad hasta tarde de noche.

ElPhis Péres, Marino Pérez Y Manuel Artemio Nin y este servidor encabezamos una brigada para establecer limpieza en nuestra Barahona.

Como aficionado en dar seguimiento a estos fenómenos, me iba a la librería Altuna, ubicada en la calle Jaime Mota, como recuerdo a la doña Adela y a su esposo, me apreciaban mucho.

En este lugar tomaba los periódicos, en especial EL Siglo, este daba seguimiento todos los días, no existían redes sociales ni nada, era como una adivinanza,

Elpidio Báez decía siempre que el ciclón no era amenaza para el país, él era director de la Defensa Civil; sin embargo, todo sabe lo que paso.

En septiembre de 1998, la República Dominicana se vio golpeada por uno de los huracanes más devastadores de su historia: el huracán Georges. Este fenómeno natural, que alcanzó la categoría 3 en la escala Saffir-Simpson, dejó una profunda huella en la memoria colectiva del país y evidenció tanto la fragilidad de nuestras infraestructuras como la resiliencia de nuestro pueblo.


Georges no solo trajo consigo vientos devastadores y torrenciales lluvias; también desnudó las vulnerabilidades de sectores enteros de la población. Con más de 300,000 viviendas dañadas y miles de personas desplazadas, el impacto del huracán fue un llamado de atención sobre la precariedad en la que vivían muchas comunidades. Las imágenes de calles inundadas, techos arrasados y comunidades completamente destruidas aún resuenan en nuestra mente.



Aquel evento nos enseñó lecciones cruciales sobre la importancia de la preparación ante desastres naturales. La necesidad de contar con sistemas eficaces de alerta temprana, planes de evacuación bien coordinados y la creación de infraestructuras más resistentes se volvieron temas centrales en la agenda nacional. A pesar de los esfuerzos realizados desde entonces, es vital que sigamos comprometidos con la mejora continua en nuestra preparación para enfrentar fenómenos climáticos cada vez más intensos debido al cambio climático.

Pero más allá de la tragedia, la respuesta solidaria del pueblo dominicano y la ayuda internacional son recordatorios de la fuerza y la unidad que emergen en tiempos de crisis. La generosidad de quienes compartieron alimentos, ropa y refugio con los afectados, así como la rápida respuesta de organizaciones locales e internacionales, subrayó la importancia de la solidaridad humana. Esta experiencia nos ha enseñado que, aunque somos vulnerables a desastres naturales, juntos podemos levantarnos y reconstruir.

Recordar a Huracán Georges es, por lo tanto, un ejercicio de reflexión y acción. Nos invita a honrar a aquellos que perdieron mucho en aquella tormenta y a trabajar incansablemente para que nunca volvamos a enfrentar una catástrofe con tanta desprotección. Es una oportunidad para evaluar nuestros avances en la gestión de riesgos y para asegurarnos de que las lecciones aprendidas no sean olvidadas.

Hoy, más que nunca, debemos seguir promoviendo políticas públicas que fortalezcan nuestra infraestructura, protección ambiental y concienciación comunitaria sobre desastres. Solo así podremos garantizar un futuro más seguro para nuestra nación y para las generaciones venideras.

Recordemos a Huracán Georges no solo como un hito de dolor, sino también como un recordatorio de nuestra capacidad de superación, nuestra solidaridad y nuestra responsabilidad compartida de proteger a nuestra nación frente a los embates de la naturaleza.

Mesopotamia en San Juan, Tamayo y Jaquimeyes fueron lugares desbaratados por el huracán.

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